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PAÍS:

Suiza

CIUDAD:

Uster

AÑO:

2014

PREMIO:

2016

El tercer claro. Por un lado, se pretendía guiar a los urbanitas en la comprensión del bosque para que lo valoren y lo respeten. Por el otro, se quería delimitar algunos lugares concretos que, equipados y confortables, permitieran el descanso y el esparcimiento respetuoso.  © Daniela Valentini

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 A los residentes de Uster les gusta disfrutar de la naturaleza que rodea su ciudad, la tercera más grande del cantón suizo de Zúrich. Aunque menguantes, los territorios de los bordes urbanos les ofrecen todavía una buena diversidad de paisajes con valores naturales. Por un lado, están los humedales que bordean el lago de Greifensee, al oeste de la ciudad. Por el otro, hay algunos drumlins, montículos redondeados, arañados y alargados que se han deformado bajo el peso del hielo de un antiguo glaciar en movimiento. Por último, abundan los bosques caducifolios, que, más o menos descuartizados por los campos de cultivo, forman un archipiélago de manchas de varios tamaños.

Uno de ellos, no muy grande —apenas una hectárea— pero adyacente al tejido urbano, está atravesado por un camino de ronda que facilita el acceso a ciclistas, corredores y gente que pasea al perro. Muchos son urbanitas que, a pesar de apreciar el bosque, lo simplifican y no acaban de entenderlo como algo más que un lugar lleno de árboles. Pero el bosque es un sistema complejo y dinámico. Bajo la mirada atenta, se puede comprobar cómo se desplaza, se orienta, muda, se retuerce o decae. Puede parecer un baile o una batalla, donde cada espécimen se apoya en la presencia de los demás o bien compite con ellos por la luz o por los nutrientes del subsuelo.

objeto de la intervención

 Desde hace unos años, el Ayuntamiento de Uster planifica una vía verde que debe recorrer los diferentes tipos de paisaje de los alrededores de la ciudad. En el año 2013, el camino de ronda fue incluido como uno de los tramos de esta vía. El departamento que se ocupa del urbanismo y el medio ambiente quiere acompañar el recorrido con una serie de intervenciones puntuales, de carácter paisajístico o de Land Art. Como parte de estas actuaciones, se decidió invertir unos ochenta mil euros para intervenir en el bosque del camino de ronda. La intervención buscaba un difícil equilibrio entre dos objetivos aparentemente contrapuestos.

Por un lado, se pretendía guiar a los urbanitas en la comprensión del bosque para que lo valoren y lo respeten. Ayudarles a distinguir entre los restos de bosque primigenio y los fragmentos de bosque antropogénico; fomentar la inmersión ensimismada en el silencio ensordecedor de escenarios crudos y salvajes. Por el otro, se quería delimitar algunos lugares concretos que, equipados y confortables, permitieran el descanso y el esparcimiento respetuoso. En definitiva, hacer encuentros y picnics no tenía que estar reñido con la contemplación de los cambios del paisaje.

descripción

 La aparente contradicción de estos objetivos se refleja en el título que se dio a la intervención. La «Plaza del bosque salvaje» consiste en la apertura de tres claros circulares, de unos diez metros de diámetro, en diferentes puntos de la masa forestal. En las tres plazas, apenas separadas un centenar de metros entre sí, se han usado materiales naturales, recogidos del entorno inmediato y ligeramente transformados con operaciones muy simples. Algunos de los árboles no se han cortado de raíz a fin de que el tronco quede a la altura de un asiento o de una mesa para hacer picnics. Además, los troncos se han aserrado en rebanadas finas y circulares que se han usado, como baldosas de madera, para pavimentar los claros. Cada una de ellas ofrece la visión sensible y compleja de una especie de bosque bien diferenciada.

El primer claro fue bautizado como el «Templo de los pilares vivientes», expresión usada por Baudelaire en Les fleurs du mal para definir la naturaleza. Se abre en la frondosidad de un hayedo climácico, rodeado de troncos plateados y coronado por el follaje espeso. Permite la observación de un ecosistema maduro, muy organizado y complejo, donde convergen varias sucesiones vegetales que han sobrevivido a los vientos glaciares gracias a la protección de un drumlin adyacente. Menos suerte tuvieron los ecosistemas de los demás claros. El segundo, titulado «Vacío en curso», muestra un crecimiento denso pero incipiente, en la vertiente oriental del drumlin, devastado por los huracanes. Aquí solo se han talado árboles endémicos, mientras que algunos ejemplares exóticos —foráneos— se han dejado plantados en medio del vacío para poner de manifiesto que están fuera de lugar. El tercer claro expresa la belleza extraña y deformada de una escena apocalíptica. Sucesivas tormentas han dejado en él un montón de avellanos medio tumbados, con las raíces al aire, como escobas gigantescas que nadie ha ordenado. Los rizomas, mezclados con el sustrato, esculpen una topografía caprichosa que dispara haces en todas direcciones.

valoración

 Cuando los árboles no dejan ver el bosque, nada mejor que abrir un claro. Siguiendo esta lógica, la intervención «Plaza del bosque salvaje» utiliza los tres claros circulares como si fueran cicloramas, aquellas imágenes envolventes que se proyectan sobre el paramento cóncavo de un cilindro de gran tamaño. Así ofrecen la posibilidad de contemplar el bosque y sus cambios sin alterar excesivamente lo que se observa. Muy a menudo, las barandillas, las escaleras, las tarimas o las señales de información que hacen más accesible un paraje natural abierto al público molestan a algunos, que sienten que el lugar ha perdido autenticidad. Es más difícil que pase algo así en los tres claros de Uster, gracias a la extremada sutileza y naturalidad de las soluciones y los materiales con los que se ha equipado el espacio. En cualquier caso, los claros no dejan de ser pequeñas excepciones antrópicas en la gran masa forestal que rodea la ciudad. Una masa forestal que siempre corre peligro de ser depredada por la propia ciudad. Por ello, acercar a los urbanitas al bosque ayuda a que lo valoren y lo defiendan. En otras palabras, a veces hay que civilizar un paraje para que no acabe urbanizado.

David Bravo Bordas

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El primer claro se abre en la frondosidad de un hayedo climácico, rodeado de troncos plateados y coronado por el follaje espeso. © Robin Winogrond

ficha técnica

CIUDAD: Uster (33.000 habitantes)

PAÍS: Suiza

INICIO DEL PROYECTO: 2013

INICIO DE LAS OBRAS: 2014

FINAL DE LAS OBRAS: 2014

SUPERFICIE TOTAL: 400 m2

COSTE TOTAL: 80.000 €

créditos

PROMOTOR:

Stadtraum und Natur, Stadt Uster

AUTORES:

Studio Vulkan Landschaftsarchitektur: Robin Winogrond, Lukas Schweingruber

COLABORADORES:

Sophia Carstensen, Katrin Oesch

Paneles presentados