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Espacios públicos en la sociedad informacional
Manuel Castells, 1994
Publicado en Ciutat real, ciutat ideal: significat i funció a l'espai urbà modern. Barcelona:  Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, 1998 (Urbanitats; 7)
 

I. Cambio espacial, cambio histórico e identidad cultural

La transformación del tiempo y el espacio es la expresión material de un cambio histórico estructural. La sociedad informacional no es una excepción en este sentido. La revolución de las tecnologías de información, consolidada en la década de los setenta y difundida a través del planeta en todos los ámbitos de actividad en las dos últimas décadas de este milenio, ha inducido y acompañado un cambio profundo de los procesos y formas espaciales. Pero dicho cambio no responde a las profecías de los futurólogos ni a las extrapolaciones simplistas de las características de la tecnología. Concretamente, la predicción según la cual las ciudades podrían desaparecer a partir de la difusión espacial suscitada por las telecomunicaciones, ha sido desmentida por la observación empírica.

La ciudad no desaparece, ni mucho menos. Insisto en este punto, prevenido por el impacto mediático de libros como uno reciente: The death of distance. Según esta ideología no se trata sólo de la muerte de la distancia sino de la muerte de todo lo que tiene una especificidad espacial porque ya vivimos todos en un universo telemático y en una organización de redes telecomunicadas. Ésta, en el fondo, también era la idea de McLuhan, del global village, de la aldea global, de que toda la cultura se engloba en un sistema de comunicación que supera las especificidades locales, las particularidades, las identidades, etc. Es casi una idea de gobierno mundial en que todo desaparece, todos somos hermanos y hermanas y, a partir de ahora, las culturas se funden en esa especie de universo indiferenciado. En el fondo es una idea arraigada y que hoy en día tiene su expresión tecnológica, arraigada en la vieja tradición racionalista, tanto liberal y de la ilustración, los ciudadanos del mundo, como marxista, los proletarios del mundo. Es decir, la idea de las clases y, a partir de las clases, de la humanidad como elemento indiferenciado. La idea fundamental del racionalismo, tanto liberal como marxista, es la superación de las culturas y, por tanto, de los lugares. El instrumento tecnológico actual parece permitir la realización de esa profecía, lo mismo que, por fin, consigue liberar, y esto sí lo hace, al capitalismo de sus ataduras institucionales y de controles de estado. Pero, las culturas, los lugares, los espacios tienen mucha más resistencia, mucha más densidad para poder ser disueltos tan fácilmente. Y de hecho se organizan cada vez más. Se puede mostrar empíricamente que la experiencia de la gente es cada vez más local. Los controles sociales y políticos son cada vez más locales. En el libro que acabamos de publicar con Jordi Borja Local y global (Taurus, 1997), insistimos en este tema, en que lo global no disuelve lo local, al contrario, crea la posibilidad de un papel mucho más activo, mucho más decisivo de lo local. En términos propiamente culturales, lo local y los lugares se convierten cada vez más en trincheras de identidad. Frente a la disolución general de identidades en el mundo instrumental del espacio de los flujos (véase mi libro La sociedad red, Alianza Editorial, 1997), el espacio de los lugares se constituye como expresión de identidad, de lo que yo soy, de lo que yo vivo, de lo que yo sé y de lo que organizo mi vida en torno a ello. 

II. La disociación entre espacio de identidad y espacio funcional

El relanzamiento público de espacios residenciales populares en muchas partes del mundo, pero muy en concreto en Barcelona, contribuye a esa idea de afianzar la identidad de lo local y la identidad de la expresión cultural. Sin embargo, hay un problema: es que si nos limitamos a esa constatación, es decir a la importancia de lo local, a la importancia del lugar, a la identidad de los lugares y, además, reforzamos, como debe ser, la expresión de estas identidades mediante operaciones urbanísticas que subrayen la significación de los espacios residenciales, incluidos los populares, se puede producir, y se está produciendo, el peligro de una disociación creciente entre el espacio de la instrumentalidad y el espacio de la identidad. Por un lado, el espacio de una cultura cosmopolita global; por otro lado, el espacio de lo local como espacio tan dominado que, en el fondo, se hace el espacio de la identidad del barrio, de la identidad de un lugar específico y, por tanto, no solamente pierde conexión con lo instrumental sino que pierde comunicación entre cada identidad. Porque si cada identidad se hace específica y los puentes de conexión pasan por una instrumentalidad que es global y que está cortada de lo expresivo, entonces tenemos a la vez un mundo de instrumentos globales con una cultura cosmopolita ahistórica y un fraccionamiento de tribus locales. De ahí se deduce la importancia de dos viejos temas de urbanismo y de arquitectura: la monumentalidad y la centralidad. Porque la monumentalidad, como capacidad de emisión simbólica generalizante establece, puede establecer, un puente simbólico de significado entre distintas localidades y entre las localidades y los instrumentos de poder con los que tienen que coexistir, negociar, interactuar, luchar. La lucha es una relación. El peligro hoy día no es el conflicto (que es algo socialmente sano y estéticamente creativo), sino la separación entre lo local y lo global y, por tanto, la posibilidad de construir instrumentos globales desconectados de las sociedades locales.

Junto a la disociación significativa de la monumentalidad, se plantea la reedificación de la centralidad urbana. La centralidad, desde el punto de vista urbanístico, no tiene por qué ser un centro, puede ser multinuclear. Se plantea así la idea de que la ciudad no es solamente unos elementos simbólicos centrales, a lo que se añaden espacios residenciales que se hacen significativos, sino que la centralidad es la difusión de esa monumentalidad en distintos centros que articulen significado y función en el conjunto del territorio.

 III. Monumentalidad, centralidad y articulación de lugares y flujos en la ciudad informacional

Entonces, ¿qué elementos, qué intentos de articulación se están dando entre el espacio de los lugares y el espacio de los flujos como intento de crear sistemas de comunicación?

Yo diría que se observan dos tipos de intentos: uno más incipiente y más exótico a partir del espacio de los flujos; otro más tradicional, más diversificado y más complejo, a partir del espacio de los lugares.

A partir del espacio de los flujos se están dando intentos de creación de ciberespacio público. Son intentos mucho más desarrollados de lo que normalmente se piensa y, sobre todo, tienen un enorme potencial en términos de sus manifestaciones futuras. En 1997 existen 2.000 ciudades virtuales, entendiendo por ciudades virtuales, un concepto un poco grandioso, páginas urbanas en el world wide web, en el Internet, páginas urbanas más o menos permanentes. Hay todo un esfuerzo de pensadores y de analistas, incluidos urbanistas, de, ante la pérdida del espacio público y el declive de la vida urbana, plantear el ciberespacio como un nuevo espacio público en el que la gente se reencuentre en el ágora electrónica. Me refiero, por ejemplo, a Michael Benedict o a las ideas de Howard Rheingold en Virtual comunities, la idea del ciberespacio como nuevo espacio de sociabilidad. Entonces, por un lado habría el espacio de flujos instrumental, por otro lado habría el espacio, casi indiferenciado, del hábitat individual con algún lugar para ir a comer de vez en cuando y el espacio de la sociabilidad real, fuera del peligro de la ciudad, sería el ágora electrónica. Esto puede tener más éxito de lo que pensamos desde Barcelona porque no todos los espacios tienen la fuerza y la constitución de Barcelona. Y si estamos pensando, por ejemplo, en las megaciudades asiáticas en las que hay unos pequeños centros y luego unas enormes constelaciones de barrios populares absolutamente degradados, la idea de, en lugar de reconstruir un espacios físico, reconstruir un espacio virtual, además del enorme interés que puede tener desde el punto de vista de la industria electrónica, es una idea bastante atractiva para gente a quien le gusta aplicar soluciones tecnológicas a los problemas sociales.

IV. Ciudades virtuales

Veamos un poco, con algún detalle, dos ejemplos de ciudades virtuales porque creo que el tema no hay que tomarlo a la ligera y puede, al contrario, tener una interesante virtud de articulación a otros procesos. Hay dos tipos de ciudades virtuales, para simplificar. Hay ciudades virtuales sin existencia física, es decir que no responden a una ciudad en concreto sino que la idea de ciudad aquí es una metáfora para acceder a servicios diversos de la red global de Internet. Son, en general, servicios comerciales y, en esta ciudad x, la cityescape o lo que sea, hay un banco o hay una tienda, o un servicio de difusión de productos comerciales o, en algunos casos, propaganda política. Lo que a mí me parece interesante de estas ciudades virtuales es que, frecuentemente, los gráficos representan siempre o casi siempre pequeñas ciudades o pueblos, incluso con arquitectura cuasi infantil en una especie del naif urbano de las películas de Walt Disney.

El otro tipo de ciudades virtuales, más importante en mi opinión, son las ciudades reales que organizan su existencia virtual en la red como sistema de información para los ciudadanos. Y luego habrá un tercer tipo al que me referiré con más detalle. En este segundo tipo incluyo la nueva red de ciudades europeas ligadas en el proyecto de red de eurociudades telemático. En su mayor parte, hoy por hoy, son fundamentalmente bancos de datos administrativos e información sobre servicios. En el caso de Barcelona, es un servicio interactivo, inteligente, informado y eficaz. Estas páginas informáticas también funcionan como catálogo publicitario con colores, foto y texto para atraer turistas e inversiones y para promocionar el equipo de gobierno. Yo creo que puede ser un proyecto muy interesante hacia el futuro pero de momento la mayor parte de ciudades reales que entran en la red son operaciones publicitarias y de servicios de información al ciudadano.

Hay también intentos más limitados, pero interesantes a subrayar, que son las ciudades reales que construyen el sistema de ciudad virtual participativo. Y más que hablar en general daré dos ejemplos que son entre lo más desarrollado en Europa y sobre los que existen algunos datos. La ciudad digital de Amsterdam y el programa Iperbole de Bolonia. Son dos cosas que han estudiado con algún detalle Stephen Graham del Centre for Urban Technology de la Universidad Newcastle, y sobre los cuales disponemos de algunos datos, en particular los que yo pude obtener a través de mi propia visita real a la ciudad digital de Amsterdam. Los dos fueron creados en 1994. La ciudad digital de Amsterdam no es del Ayuntamiento sino que está financiada por una fundación privada, sin lucro, y está organizada como ciudad en secciones temáticas, cada una con una plaza que aparece físicamente, sobre viviendas, sobre finanzas municipales, sobre cultura local, sobre trabajo, sobre medio ambiente. En el centro de estas plazas temáticas hay la información de las organizaciones y alrededor hay los edificios, las casas donde la gente, que está registrada en la ciudad virtual, 35.000 en el caso de Amsterdam, puede poner su propia información sin costo. Se estructura así una interacción entre la gente de estos edificios y la información de las organizaciones en la plaza. Además hay un programa de texto llamado Metro, que permite la interacción directa entre los ciudadanos que incluso pueden, y lo hacen, casarse virtualmente, formar familias, elegir el alcalde virtual de la ciudad, es decir, vivir en esta ciudad virtual, discutir sus problemas y relacionar los problemas de la ciudad real con la ciudad virtual. Además, en Amsterdam han hecho un esfuerzo especial para que haya terminales públicas donde la gente pueda entrar en esta ciudad virtual y las organizaciones de grupos sociales marginados han recibido adiestramiento especial y programas especiales para poder interactuar. También hay en algunos cafés y lugares públicos ordenadores especialmente diseñados para los niños.

¿Espacio público? Sí y no. Es un espacio público obviamente sesgado en la construcción del programa y aunque, como insisto, las ONGs han recibido ayuda para conectar, de los 35.000 residentes de la ciudad virtual, son residentes, hay que registrar que un 85% son hombres, un 75% son universitarios y 58% tienen menos de 30 años. Por otro lado los problemas de financiación hacen que cada vez más, una vez que ahora ya es un éxito La ciudad digital de Amsterdam, la fundación está vendiendo espacio de la ciudad virtual para usos comerciales publicitarios con lo cual, es interesante, se reproducen los problemas de los espacios públicos físicos que algo, en cuanto funciona, se comercializa.

Por otro lado hay otro problema que es el problema fundamental para quien quiera desarrollar la idea del ágora electrónica como desarrollo de la ciudad real y es que, aunque el texto es holandés, obviamente, como está en el Internet, cualquiera puede entrar desde cualquier parte del mundo. Como la ciudad real. Pero digo sí y no porque, claro, no todo el mundo toma avión de Jakarta a Amsterdam cada día; es cierto que la ciudad real también está abierta a cualquier tipo de visitante, y la llamada población flotante de la ciudad real es uno de los temas más importantes de los urbanistas, pero no es un acceso global on line como puede darse en la ciudad virtual. En realidad, de las estadísticas con que se cuenta, el 50% de los usuarios de la ciudad virtual no están registrados en la ciudad virtual porque, para registrarse, hay que dar una dirección en Amsterdam, para entrar no, porque no hay manera de conectar la entrada.

Además, la Cámara de comercio local y el Ayuntamiento de Amsterdam están utilizando esta ciudad digital como reclamo internacional de Amsterdam y, por consiguiente, difundiendo por el Internet las imágenes, con lo cual la proporción de no residentes reales aumenta y, en el fondo, se puede convertir en un espacio público global en torno a una Amsterdam virtual, que es la tendencia de lo que está sucediendo en este momento.

El otro ejemplo como ilustración del análisis es el programa Iperbole de Bolonia, también creado en 1994. Éste es un programa creado por el Ayuntamiento de Bolonia. En este programa en principio la información es una información que parte del Ayuntamiento y de las organizaciones cívicas y sindicales de la ciudad, con quien los ciudadanos pueden interactuar, pero sin que los ciudadanos puedan poner su propia información. Es un sistema más asimétrico. Está dividido en tres departamentos, cada uno de los cuales tiene una amplia gama de servicios y los departamentos tienen origen en distintos tipos de organizaciones que controlan cada departamento. Hay treinta y tres grupos de temas y sobre estos grupos de temas hay grupos de tipo Usenet de conversación sobre los temas. La participación en Iperbole es gratuita, es subvencionada por el Ayuntamiento en términos de programas de formación a nivel de barrio y nivel de organizaciones cívicas para que la gente pueda utilizarlo y, en ese sentido, se ha conseguido que el Iperbole tenga una participación mayoritariamente local. Casi el 90% de los participantes que entran en el programa Iperbole son locales, en gran medida porque los problemas que se discuten son muy locales, según la propuesta del Ayuntamiento y las organizaciones locales. En 1996 parece que en Iperbole se han empezado a alquilar, ahora que ya funciona el programa, espacios publicitarios a las pequeñas empresas locales. Pero se hace una selección de empresas, no cualquiera puede anunciarse sino las empresas que el Ayuntamiento piensa que deben ser ayudadas en el ámbito local. El Ayuntamiento quería también utilizar el sistema Iperbole para organizar referéndums indicativos sobre problemas concretos de gestión municipal pero, sin embargo, hasta ahora los problemas técnicos de organización lo han impedido. Los problemas técnicos, según parece, y ésta no es una información oficial del Ayuntamiento, consisten en: ¿cómo organizar un referéndum sobre un tema local cuando cualquiera de otra ciudad o de otra parte de mundo puede entrar en este referéndum y votar? Es un problema complicado que no se ha resuelto todavía. Yo creo que se puede resolver pero concretamente en Bolonia no lo han resuelto.

Entonces, los problemas que plantean las ciudades virtuales es que aún son muy excluyentes, son altamente comercializadas, muchas de estas ciudades son redes de individuos que hacen lo mismo que harían en sus relaciones personales pero lo hacen en ciberespacio e incluso, los estudios muestran que estas redes de individuos tienden a sustituir la vida urbana que tenían antes por la vida en esta ágora electrónica.

Sin embargo, existen posibilidades de articulación, hay posibilidad de localidades en el espacio de los flujos, por ejemplo se pueden crear comunidades virtuales que permiten el tránsito entre flujos y lugares. Un ejemplo es en San Francisco, donde existe un programa tipo Iperbole que se llama Citysearch en el cual la gente tiene conversaciones sobre temas y, a partir de ello, pueden establecer interacción física personal y también recibir información sobre qué tipo de actividades pueden llevar a cabo en la ciudad real de San Francisco, etc. Así, pues, funciona primero como conversación electrónica y después como sistema de conexión a los servicios locales de que se puede disponer.

Sin embargo, insisto en que los intentos de conexión desde el ciberespacio de momento están limitados a redes interactivas de grupos de bastante alto nivel social, o espacios fundamentalmente administrativos sin que, en ninguno de los dos casos, se hayan podido recrear espacios públicos, no sólo en el sentido en que los conocíamos históricamente, sino como traté de definir antes como espacios de integración y como espacios en que la integración permite crear una sinergia social.

 V. La localización de los flujos

¿Es posible reconstruir la significación y establecer puentes entre espacio de flujos y espacio de lugares desde los lugares? Aquí hay toda una serie de intentos en los que el diseño de arquitectura, el diseño urbano, están jugando un papel cada vez más fundamental en una sociedad en que, insisto, la gente y las sociedades se resisten a desaparecer en la indiferenciación global del espacio de los flujos.

Existen varias vías de crear esta nueva monumentalidad y esta nueva centralidad. La primera y la más sencilla serían los usos simbólicos para instrumentalidades nuevas de lugares culturalmente identificables y con un sentido histórico y cultural. Para hablar claro, la Casa de la Caritat en Barcelona es un buen ejemplo. Representa el proyecto de utilizar edificios en los que su valor cultural, su valor identitario, su valor histórico se mantiene, se refuerza, se subraya, para articularlos a una instrumentalidad abierta hacia los flujos de información o, en otros casos, hacia otro tipo de flujos. Los bancos están intentando absorber edificios históricos y darles una instrumentalidad. Esto puede ser criticable desde otro punto de vista, yo no lo critico, pero hay un intento de conectar lo que era identidad física de un lugar a proyección de una nueva instrumentalidad. Las instituciones públicas y, en particular las administraciones autonómicas en toda España, están reutilizando una buena parte del patrimonio artístico y arquitectónico para sus oficinas y sedes. No sé si se podrían utilizar para otros usos pero, por lo menos, hay una conexión de la identidad histórica, de la cultura física y de la nueva instrumentalidad. Y otro ejemplo que puede parecer ridículo pero a mí me parece significativo es lo que hace McDonalds. McDonalds, en una visión superficial, se ha convertido en el símbolo de la cultura global, del masacre de las formas culturales, siempre con sus arcos amarillos nacidos en EE.UU. Pero lo que está haciendo McDonalds en toda Europa es reutilizar edificios culturalmente significativos en cada ciudad. No todos, porque son demasiados McDonalds, pero siempre que pueden hacer un marcaje simbólico de algo lo hacen. También lo hacen en Japón, por cierto. Entonces, el intento de salto cultural es lo que, de una manera muy primitiva, se plantea en la conexión de usos simbólicos identificables por la gente con nuevos usos instrumentales. Pero esto es demasiado puntual. El problema, como señalaba antes, es cómo ampliar la esfera pública de la significación.

VI. La nueva significación urbana

Empezaré por lo que no funciona. Lo que no funciona es el intento de marcaje de nuevos espacios instrumentales a los que se intenta dar una nueva simbólica, mediante la privatización de usos públicos. Para entendernos, los ejemplos en Barcelona son L'Illa o el centro de Nova Icària; es decir, la idea de crear unos espacios que reproducen funciones de centralidad urbana, que tratan de reconstruir, y reconstruyen, a veces con bastante éxito, la densidad de vida urbana pero que privatizan. Y, al privatizar, sesgan definitivamente los usos de ese espacio y la percepción de ese espacio porque está dominado por la función comercial. No hay nada malo en la función comercial, una función tan legítima como cualquier otra en la sociedad. Pero el tema es la estructuración simbólica en base a la predominancia excesiva de esa función.

Un caso más exagerado ya es el intento de aterrizar en lugares acotados la lógica del espacio de los flujos. En el espacio de los flujos, igual que los extraterrestres, están organizando sistemas de aterrizaje, tiendas como Planet Hollywood. ¿Qué es Planet Hollywood? Es situar Hollywood en cualquier parte del mundo, en un espacio en el que de repente entras en la cultura Hollywood. O, para quien tenga algo más de dinero y más ambiciones, lugares como Fashion Cafe, que es la idea de que metafóricamente se puede encontrar allí cualquier día a la copropietaria, Claudia Schiffer, y tomar café con ella.

En una perspectiva más creativa, observamos el intento de ir más allá de privatización e intentar la articulación entre flujos y lugares. Para abreviar, fundamentalmente hay varios tipos de incitativas. Esta articulación entre flujos y lugares se puede producir bajo la dominación de los flujos o bajo la dominación de los lugares. Bajo la dominación de los flujos hay, en primer lugar, intentos de articular una nueva monumentalidad de lo instrumental mediante el diseño de la tecnología. Ejemplo: la obra del ingeniero-arquitecto Calatrava. Los puentes de Calatrava, la torre de comunicaciones de Calatrava, etc., la idea de que lo tecnológicamente avanzado, lo que es el instrumento de conexión, por ejemplo un puente (si tuviera río), pueda ser significativo y monumental, al tiempo que instrumental. La articulación de significación e instrumentalidad, lugares y flujos, está en la base del enorme esfuerzo de arquitectura y urbanismo en torno a los intercambiadores: aeropuertos, estaciones, autopistas; es lo que yo personalmente llamo el modelo Changi, por el aeropuerto de Singapur, que es realmente una ciudad absolutamente diseñada por dentro para hacer muy agradable las esperas. En un lugar y espacio en que la gente está nerviosa por encontrarse suspendida en el espacio de los flujos, se construye un espacio acogedor, incluidos conciertos de piano con música clásica en el hall del aeropuerto y toda clase de actividades. Aunque Changi está muy comercializado, tiene un diseño de estar en el salón de su casa. O en un modelo mucho más duro, pero que a mí me parece mucho más interesante desde el punto de vista de diseño, el aeropuerto de Barcelona, que es la idea de tratar un espacio que es un intercambiador pero tratarlo significativamente, con elementos comerciales a los que se añade una dimensión estética y de relación entre cultura e instrumentalidad. O lo que hizo Moneo en la estación del AVE de Madrid, que es un guiño genial. La estación del AVE son dos estaciones, la vieja estación de Atocha, que, con un diseño rehabilitado maravilloso con árboles y pájaros que andan por allí, es un parque, no es una estación. Al lado hay una porquería de nueva estación donde hay un AVE que va de Madrid a Sevilla y nada más. Entonces, obviamente la idea, el guiño, es que aquello no podía ser una estación sin un parque y que ese ave está allí por casualidad porque a alguien se le ocurrió poner un AVE de Madrid a Sevilla. Otro ejemplo importante es el diseño del intercambiador de Lille por Koolhas. El tratamiento de centralidad del Grand Palais y de la organización en torno a los intercambiadores europeos combina, de nuevo, instrumentalidad, expresión y apuesta cultural. En suma, el intento de hacer de los lugares por donde pasa mucha gente espacios públicos y no sólo espacios de conexión corriendo, es una idea que al menos tiene la fuerza de estar intentando integrar lo expresivo en lo funcional. Sigo diciendo, sin embargo, que es bajo la dominación de los espacios de los flujos.

En cuanto a los intentos de articulación de los espacios desde el punto de vista de la dominación de los lugares, existe, por un lado, la idea de la prolongación de lo histórico, la idea de mantener y desarrollar lugares públicos, tal y como se ha hecho en Barcelona. La Rambla sigue siendo un lugar histórico. Uno de los grandes urbanistas americanos, Alan Jakobs, acaba de publicar en MIT el año pasado un libro que engloba las grandes urbes con todas las grandes calles del mundo y la primera y la segunda mejores calles del mundo. Según él, la mejor calle es la Rambla y la segunda el Paseo de Gracia. Es un análisis cualitativo, pero de una opinión autorizada. Sin embargo, la idea de prolongación de lo histórico, como podía ser Piazza Navona en Roma, es una idea que mantiene el espacio de los lugares pero no es capaz de organizar la contraofensiva en el espacio de los flujos. Para entendernos, en La Rambla sólo se hace flujo cuando gana el Barça, es decir, en ese momento vibra como el acontecimiento mediático y allí se articula y entra en otro espacio más allá del lugar. Si no, sigue siendo en espacio muy local, muy de Barcelona y de sus turistas. Entonces, la idea de la prolongación histórica de la pervivencia de los lugares de alta significación, aunque permite la supervivencia de las culturas y de las identidades locales, no organiza la contraofensiva del significado en el espacio de los flujos. Lo difícil, por tanto, es articular la monumentalidad física con memoria con los flujos de información como actividades y con los espacios de vida urbana como elemento de articulación entre memoria y actividad.

Esta es, en mi opinión, la frontera del urbanismo y de la arquitectura en la ciudad informacional. La idea de conectar la actividad con la memoria, de conectar los flujos con los lugares. ¿Se hacen cosas en este sentido? Pues sí. Yo creo que aquí sí que vale la idea de la actividad museística que ha habido y que, en parte, entra por aquí aunque es limitada a los elementos propiamente culturales y de actividades. El modelo del Centro Pompidou de París, por ejemplo, aunque el diseño a mí personalmente me parece bastante horrible, pero el modelo cultural y su relación a la ciudad, su redinamización del barrio de Les Halles, etc. funcionó. Aunque esto, que a veces se llama el modelo francés, no ha funcionado siempre, por ejemplo, la Gare d'Orsay es una catástrofe como elemento de dinamización en su entorno urbano y La Villette se mueve entre los dos. Pero esta idea de un elemento potente dinamizador de flujos, de actividades, de todo tipo de actividades de información, pero pegados a una expresividad cultural e integrados en un espacio urbano que se activa, aunque no sea directamente por estas actividades, por la presencia de este proyecto, es un elemento absolutamente interesante.

En EE.UU. también existen elementos así. Sólo citaré un caso para no extenderme, el esfuerzo que se hizo en Santa Mónica, Los Ángeles, en articular la memoria colectiva con rehabilitación de edificios, etc. y expresiones culturales, con un juego de imágenes generadas de la propia experiencia californiana; porque California también tiene su cultura y su historia, una historia de cincuenta años pero muy intensa, tan intensa que la tenemos en nuestro imaginario todos los días, no solo Hollywood sino el surf, los patines, los videoclips. Todo este conjunto son la identidad y la cultura californiana, como el barroco podía haber sido la cultura y la identidad italiana en otros siglos. Entonces, Santa Mónica ha organizado la vida urbana con multitud de guiños en los espacios públicos en torno a los motivos Hollywood, surf, patines, etc. que articulan, por tanto, esa vida urbana.

La conjunción de actividades del Centro de Cultura Contemporánea, del edificio Casa de la Caritat, del vecino Museo del Arte Contemporáneo, del barrio del Raval, de las cercanas Ramblas, Barcelona, Cataluña..., estas conexiones son el tipo de conexiones que realmente pueden empezar a tender puentes. El problema con este tipo de conexiones es que todavía están demasiado restringidas a lo que son actividades culturales relativamente de élite, pero la idea de la conexión de flujos de información con significación histórica y con una integración en el espacio urbano, esta idea generalizada a otro tipo de barrios, a otro tipo de actividades y de expresión cultural, parece que puede ser una de las vías de reconstruir la articulación entre lugares y flujos.

Así, pues, experimentar con un nuevo diseño informacional de lo material y un nuevo diseño material de lo informacional, me parece que es la nueva frontera del urbanismo. Cómo hacer de una ciudad informacional una ciudad. Es decir, un productor de cultura a partir de la interacción entre trabajo, vida cotidiana e imaginario. La articulación entre la nueva capacidad de crear y el arte renovado de soñar en un tiempo y en un espacio.